IGNORANCIA BUROCRÁTICA, SÍNDROME DEL ENERGÚMENO
Adriano Corrales Arias
Durante el mes de enero del año en curso, la escultora Leda Astorga, fue informada por un familiar, que su escultura pública “Arco iris”, emplazada en el Parque Metropolitano de La Sabana, en San José, había sido intervenida pictóricamente. Con la rabia y la impotencia que ocasiona un hecho de esta naturaleza en una artista de su sensibilidad, se dio a la tarea de averiguar lo sucedido.
Coincidentemente, dicha escultura de 4.25 metros de altura, fue escogida, desde el año pasado, por el Festival Internacional de las Artes (FIA), como logotipo de la décima edición de dicho festival, el cual se inauguró el pasado 17 de marzo, precisamente en La Sabana. Igualmente, Correos de Costa Rica escogió la misma escultura para ilustrar un sello conmemorativo del mismo festival, el cual, por su calidad gráfica, es un deleite para los coleccionistas filatélicos.
Astorga supo que el ICODER (Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación) contrató una empresa para pintar las esculturas que rodean el lago del Parque Metropolitano, las cuales fueron creadas en el marco del Festival Internacional de las Artes de 1998, en un Simposio Internacional de Escultura. Hay que subrayar que allí se encuentran esculturas hechas por artistas franceses, italianos y españoles, entre otras de nacionales. La escultora envió una nota al Consejo Nacional de Deportes y le respondieron amablemente acerca de la situación, pero sin evacuar tres preguntas que ella había realizado: 1. ¿Quién autorizó el cambio de colores de la obra y con qué criterio técnico? 2. ¿Por qué no se le informó o se le consultó a la artista que se iba a pintar? 3 ¿Quién o quiénes son las personas que intervinieron la obra?
La respuesta del ICODER la remitió al señor administrador del Parque Metropolitano, un funcionario de apellido Roque, el cual le explicó el laberíntico proceso administrativo, tratándola luego, grosera e irrespetuosamente al espetarle que “debía agradecer que se la habían pintado, porque estaba horrible”. Para este burócrata, si alguien retoca una pintura de Rafa Fernández, para poner un ejemplo vivo, el reconocido pintor deberá agradecerle por su fina cortesía. Igual, si alguien reescribe un poema de Jorge Debravo, los descendientes del poeta deben apresurarse a agradecer su genial aporte.
Lo que llama la atención de tan indignante y bochornosa situación es la ignorancia supina de funcionarios de ese tipo, no solo de la Ley de Derechos de Autor, sino, fundamentalmente, de la tradición cultural costarricense y de su patrimonio artístico. Es obvio que el señor Roque está acostumbrado a tratar con los caballos de la Policía Montada, balones y sacos de box, marcos de canchas de fútbol, graderías de estadio, techos de gimnasios y superficies de piscinas, pero jamás con obras de arte. Por lo demás, su manejo de las más elementales reglas de urbanismo y trato con personas, dista mucho de su cargo administrativo. Posiblemente nunca ha tenido trato con un artista, mucho menos de la calidad humana de la afectada. Su prepotencia encierra mucho del síndrome del buen energúmeno que se siente protegido detrás de un escritorio cual bunker de la impunidad institucional.
Es claro que la escultura, donada por la autora al Parque Metropolitano de La Sabana como parte de las normas del Simposio Internacional de Escultura, pertenece al estado y el ICODER, custodio de la misma, posee, por lo tanto, los derechos patrimoniales. Pero jamás el derecho moral, el cual es personalísimo, inalienable, irrenunciable y perpetuo por parte del creador artístico, incluso después de la cesión de cualquier obra (Artículo 13, Ley 6683 del 14/10/1982 sobre Derechos de Autor y Derechos Conexos). El derecho moral, además, comprende y le permite al autor el impedir toda reproducción o comunicación al público de su obra, si se ha deformado, mutilado o alterado de cualquier manera (inciso C del Artículo 14 de la ley mencionada). En virtud de lo anterior, Leda Astorga procedió a cubrir su escultura durante la realización del festival hasta que se resuelva el conflicto planteado, toda vez que fue adulterada su paleta artística.
Ojalá que la valentía de Leda Astorga sirva para llamar la atención acerca de la violación de los derechos de autor, que cotidiana y desgraciadamente se practica en nuestro país. Y para que otros artistas se “empoderen” y empiecen a luchar por sus derechos con la tenacidad y dignidad con que la artista lo ha hecho. Pero, principalmente, para que burócratas y ciudadanos en general, adquieran conciencia de los valores intrínsicos de una obra de arte y de las leyes que protegen a sus creadores. De esa manera se le concederá mayor relevancia a la mediación de instituciones como el Museo de Arte Costarricense, garante de las colecciones estatales y de nuestro acervo artístico.
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